Los seres humanos poseen un sistema de autorregulación muy eficiente, que les permite adaptarse a los factores de riesgo externos. El ejemplo más evidente es la adaptación al sol. El bronceado es un fenómeno de formación en la piel de un pigmento negro llamado melanina, que absorbe los rayos ultravioletas emitidos por el sol. Pero hay que tener cuidado con las quemaduras solares, el segundo mecanismo de protección si nos exponemos en exceso. En este caso, la inflamación (proceso que permite limpiar las células con daños genéticos provocados por los UV) también impide que nos expongamos al sol al día siguiente sin protección, protegiéndonos así.
Después de haber conocido a muchas personas electrosensibles, me parece que es el mismo fenómeno de protección el que se ha desencadenado. Estamos constantemente expuestos, tanto en el exterior (antenas) como dentro de la casa (Wi-Fi) e incluso en nuestra habitación (teléfono al lado de la cama, ya que funciona como despertador). La electrosensibilidad protege a las personas afectadas, pero lamentablemente les impide vivir con normalidad y, a menudo, también trabajar. Sus síntomas mejoran si viven más lejos de las fuentes de molestias, sin Wi-Fi, utilizando lo menos posible el teléfono móvil, y vistiendo ropa que aísle de las ondas cuando se aventuran en un lugar más contaminado por los campos electromagnéticos.
La continuación en el próximo episodio…



Laisser un commentaire